Crisis existencial ¿a los veintitantos?: no estás sola

A los 25 sentía que estaba ya demasiado grande, que no había logrado nada, que no iba a encontrar pareja, que mis metas estaban más lejos que nunca. Me sentía totalmente fracasada, solterona y sin futuro… ¡Hazme el favor!

Después me di cuenta de que esta etapa es casi un clásico. Guillermo del Toro lo explicó perfecto: “ustedes los jóvenes están en la edad exacta de la desesperación. Yo nunca me sentí más acabado y viejo que a los veintitantos. Decía: ‘ya me pasó la vida y no hice nada’. Pero estoy aquí para decirles que no: tienen un chingo de tiempo”. Y es cierto: a esa edad la desesperación se siente real, pero la vida apenas está comenzando.

La edad de la desesperación

La sociedad nos vendió la idea de que a los veintitantos ya tendríamos “la vida resuelta”: el trabajo soñado, una relación estable, independencia económica y claridad absoluta sobre el futuro. Pero la realidad es otra: estás terminando de estudiar, apenas aprendiendo a resolverte, entendiendo tus límites y tus deseos. Esa brecha entre lo que esperabas y lo que vives es la raíz de esa crisis.

A eso se suma el ruido de los veinte: demasiados mensajes y poca orientación. Que si debes estudiar y prepararte porque ahora es cuando. Que si debes viajar de mochilera porque después no tendrás la energía ni la libertad. Que si debes ahorrar para comprarte un bien, cualquiera que sea, porque “es lo inteligente”. Que si debes disfrutar tu soltería porque nunca vas a ser tan libre como ahora. Que si debes tener pareja porque ya es hora de sentar cabeza. Que si debes rentar para vivir sola y aprender lo que es la independencia. Que si debes ahorrar para comprar casa y no desperdiciar en renta. Que si debes quedarte con tus papás porque “no son eternos”. Que si debes irte ya porque es la única forma de ser verdaderamente adulta.

Es un bombardeo constante que, lejos de ayudarnos, nos hace correr en círculos. Cualquier decisión parece equivocada: si eliges una cosa, sientes que estás fallando en la otra. Esa contradicción agota y alimenta la sensación de que siempre vas tarde, incompleta y en deuda con una «vida ideal».

Pero lo que de verdad nadie considera…

Es que a esa edad todavía se es muy joven, pero nos avientan expectativas de adultos de 40. Y eso es cansadísimo. Vivimos comparándonos con timelines ajenos y confundimos tropiezos con fracasos irreversibles. Pensamos que “ya se nos pasó la vida” cuando en realidad estamos apenas construyéndola.

La ansiedad por no cumplir viene de creer que existe una ruta universal que todos deberíamos seguir, cuando lo cierto es que la vida no es una carrera lineal. Hay quienes encuentran pareja a los 20 y quienes lo hacen a los 35. Quienes emprenden a los 23 y quienes descubren su pasión a los 50. Cada historia tiene su propio ritmo, aunque en medio de la desesperación se nos olvide.

Créeme, la década de los 20s no es el final, es el meritito comienzo

A los 20s no vas a tarde, en realidad nunca. Pero es exactamente en esta década en la que estás aprendiendo. Estás sembrando. La vida que quieres todavía puede tomar muchas formas y llegar de maneras que no imaginabas. Y aunque hoy sientas que todo es incertidumbre, un día vas a mirar atrás y a darte cuenta de que cada día, cada mes, cada año te llevó a lo correcto.

Como dijo del Toro: tienes un chingo de tiempo.

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