Generación Boomerang: vivir de nuevo con tus papás

Recién me topé con el término Generación Boomerang: se usa para describir a quienes, después de independizarse, regresan a vivir con sus papás. Y sí, aunque suene como un paso atrás, en realidad refleja una realidad cada vez más común.

Para entender mejor este tema, lancé una encuesta en Instagram y Facebook. Respondieron 697 personas (99% mujeres), y los resultados me sorprendieron:

  • Sí, regresé: 44%
  • No: 56%

Casi la mitad lo ha hecho, lo que contrasta con los datos previos a la pandemia (alrededor del 30%, según reportes internacionales). Claramente, algo cambió.

¿Por qué regresamos a casa de nuestros papás?

Les pedí que explicaran las razones y las más mencionadas fueron:

  1. Me quedé sin trabajo.
  2. No me alcanzaba el dinero.
  3. Para ahorrar.
  4. Problemas de salud (propios o familiares).
  5. Separación, divorcio o problemas con roomies.

¿La pandemia tuvo algo que ver?

Definitivamente.

Los datos que encontré antes de 2020 hablaban de una tercera parte que había regresado, principalmente por temas económicos. Pero con la pandemia, el porcentaje subió al 44%.

No sorprende: el desempleo, los cierres de negocios y la incertidumbre laboral afectaron a miles de jóvenes adultos. Recuperar la independencia financiera puede tomar años, sobre todo cuando los sueldos ya no alcanzan para rentar solos.

¿Por cuánto tiempo regresamos?

  • 1 año: 37%
  • No me he vuelto a independizar: 35%
  • Entre 1 y 3 años: 22%
  • Más de 5 años: 6%

La mayoría se divide entre quienes regresaron por poco tiempo y quienes aún no han podido (o decidido) volver a independizarse.

¿Qué hacer para evitar volver o independizarte otra vez?

Ser parte de esta generación no tiene nada de malo. A veces, regresar es la única opción viable y también una forma de cuidarte. Pero si tu meta es volver a tener tu espacio, estas fueron las principales estrategias que mencionaron las personas encuestadas:

  • Ahorrar de forma constante.
  • Invertir en una propiedad o fondo.
  • Buscar mejores oportunidades laborales.
  • Crear varias fuentes de ingreso.
  • Aprender a administrar el dinero.

Cada paso suma, incluso si parece pequeño.

Volver no siempre es un fracaso

A veces regresar no es rendirse, sino reajustar el plan. Tener un techo familiar donde recomenzar también es un privilegio y una red de apoyo emocional. Lo importante es aprovechar ese tiempo para reorganizarte, sanar, ahorrar y planear tu siguiente movimiento.

Si te toca volver, hazlo con una nueva meta: irte otra vez, pero mejor preparada.

Y si quieres leer una versión más personal sobre este tema, te recomiendo el texto “Me regresé a vivir a casa de mis papás”, donde hablo desde otro ángulo: uno mucho más optimista.

Foto de Joyce Romero en Unsplash

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