Independizarte y comprar tu primer coche

Hay decisiones que se sienten grandes. Comprar tu primer coche cuando ya vives sola es una de esas. Te emociona, sí, pero también te asusta. Porque sabes que estás sumando otra responsabilidad grande a tu vida independiente. Y en el fondo, te da pavor quedarte sin trabajo… por si no era suficiente la preocupación de no poder pagar la renta, te sumas otra.

Cuando me independicé, sabía que quería un coche. No estaba muy segura de si iba a poder lograrlo. Pero hice todo para que pasara, porque terca soy, siempre quiero todo y siempre quiero más.

Ahorré para el enganche, lo busqué seminuevo, lo pagué en mensualidades. No fue una compra impulsiva ni algo que me cayó del cielo. Fue una meta concreta, CONSTRUIDA DESDE LO POSIBLE.

Ese coche fue el primer bien importante que sostuve sola. Me lancé a pagarlo sabiendo que estaba entrando a otra liga de responsabilidades. Ya no era solo renta, servicios y comida para mí (y para mis perros), ahora había que sumar gasolina, mantenimiento, tenencia, seguro… todo. Pero no me importó. Porque lo que ganaba a cambio era autonomía, seguridad, libertad.

Durante años, ese coche fue testigo de todo. Me acompañó al trabajo, a viajes, a citas, a fiestas… También me vio llorar en estacionamientos y manejar sin rumbo cuando necesitaba respirar. Fue un refugio. Siempre un lugar seguro.

Y hace poco, lo dejé ir.

JC y yo decidimos comprar un coche híbrido, algo que ya teníamos muchas ganas de hacer. Y ese primer coche, el que me acompañó tanto, se lo regalé a mi mamá. Fue una de las cosas que más me emocionó hacer. Pero también una que me llenó de nostalgia. No de tristeza, de esa nostalgia dulce que aparece porque algo termina bien, pero igual cuesta soltar.

No porque fuera nuevo, ni perfecto. Sino porque fue mío. Mi primer coche.

Regalárselo a mi mamá fue una forma hermosa de cerrar un ciclo. Porque sé que lo tiene alguien importante. Pero eso no borra el nudo en la garganta. Hay algo muy real en ese vacío que dejan los objetos con historia. Ahora entiendo perfecto por qué mi papá nunca quiso vender su Vochito. No era solo el coche. Era todo lo que vivió con él.

Hay objetos que parecen materiales, pero en realidad son pruebas vivas de tu proceso. Y cuando llega el momento de dejarlos ir, también se vale lamentarlo. Pero bueno, dejar ir, es siempre dejar llegar.

Y, de paso, quiero aprovechar para decir algo más: ese mito de que cuando te independizas ya no puedes lograr otras cosas —como comprarte un coche, viajar, ahorrar— no es cierto. Claro que cuesta. Claro que requiere planeación, esfuerzo, ajustes. Pero sí se puede. Y ese es justo uno de los mitos que cuestiono en mi próximo libro: Depa de Soltera: Guía para independizarte y dejar la casa de tus papás, publicado por Editorial Trillas, estará disponible a partir de agosto (yo las mantengo al tanto en mis redes sociales). Este libro no es solo para decirte qué hacer si quieres vivir sola, es un libro para hablar de todo lo que significa crecer, tomar decisiones difíciles, sostenerlas… y también de lo que se siente lograr cosas que un día creíste imposibles.

Para esos días con manos ocupadas y oídos libres: Le puse voz a lo que escribo, por si te acompaña mejor en audio 🔊 Recuerda que puedes suscribirte en Spotify.

Foto de Annie Spratt en Unsplash

Suscríbete y recibe lo nuevo del en tu correo

Descubre más desde Depa de Soltera | Por Fabiola Muñiz

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo