Las cosas no chidas de rentar un depa…

Todavía no estoy lista para comprar mi propio depa. No solo porque necesito ahorrar mucho más, sino porque, por ahora, prefiero invertir mi dinero en viajar y vivir experiencias. Esa es mi prioridad en este momento. ¿Más adelante? Ya veremos.

Desde que empecé a rentar siempre he defendido que tiene muchas ventajas: flexibilidad, menos compromisos, la posibilidad de mudarte si cambias de trabajo o de etapa de vida… y lo sigo sosteniendo. Pero conforme se me atraviesa otra mudanza, me pregunto si quiero seguir haciendo esto cada vez. En esos momentos, en esos pequeños instantes, a mi cabeza llega la duda: ¿debería ya tener algo propio? Porque, bueno, sí, rentar tiene sus cosas no chidas.

Lo no tan cool de rentar un depa

  • La búsqueda. Hay gente que ama ver depas, recorrer colonias y comparar opciones. Yo no. A mí me genera estrés. La mayoría de las veces te ilusionas con un anuncio y cuando llegas… decepción total. Si veo uno que me gusta me empieza a generar ansiedad que nos lo ganen. Me da miedo decir que sí a uno y pensar que me quizá me estoy perdiendo de otro mejor.
  • Las mudanzas. Empacar, cargar, desempacar, volver a organizar… es de las cosas que más detesto de la vida adulta. Y aunque cada vez soy mejor en hacerlo y me toma menos tiempo, la verdad es de esos momentos en los que quisiera desaparecer y regresar cuando todo esté al 100%.
  • Cambiar de muebles. Cada depa es distinto: lo que cabe perfecto en uno, no entra en otro. Eso significa vender, regalar o incluso dejar ir muebles y objetos que te encantan. Ahora mismo estoy esperando que me entreguen una bufetera que mandé a hacer por qué la cocina es muy pequeña y la sala se ve vacía. Y todavía me faltan un par de cosas por comprar…
  • La decoración limitada. Cuando rentas, muchas veces no puedes transformar el espacio como quieres. Yo sigo soñando con poner papel tapiz en las paredes, pero sabiendo que tarde o temprano me voy a mudar… se me pasa la emoción.
  • La adaptación constante. Mi primer depa me parecía perfecto hasta que me cansé del clóset pequeñito. El segundo me encanta por su espacio, pero la zona y algunos vecinos ya no tanto. Y así, es aprendes a adaptarte, aunque no siempre con gusto. Y también pienso: ¿qué pasa si compro y después no me gusta? Con un depa propio, mudarte ya no sería tan fácil. ¡Pfff, qué dilema!

Entonces… ¿vale la pena seguir rentando?

Depende. Se trata de elegir la batalla que quieres pelear en este momento. ¿Prefieres la estabilidad de una hipoteca aunque represente un compromiso de al menos dos décadas? ¿O eliges la opción de mudarte cuando lo necesites, aunque eso signifique empacar, buscar de nuevo y ceder algunas cosas?

La situación cambia según tu etapa de vida, tus ingresos y tus prioridades. Para algunas personas, comprar es la meta porque buscan invertir en un patrimonio a largo plazo; para otras, como yo, rentar es lo que tiene más sentido porque priorizo la movilidad, el ahorro flexible y la posibilidad de seguir explorando.

Porque al final, no se trata de cuál es mejor “en general”, sino de cuál es mejor para ti en este momento.

Foto de Vitaly Gariev en Unsplash

Suscríbete y recibe lo nuevo del en tu correo

Descubre más desde Depa de Soltera | Por Fabiola Muñiz

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo