«Lo único que nos separa de la muerte es el tiempo»

La cita sobre la muerte que titula esta entrada es de Ernest Hemingway y estoy totalmente de acuerdo con lo que dice.

 

Les conté que perdí a mi papá hace poco más de 4 años y medio y aunque he visto partir a otros familiares cercanos, sin duda, esta ha sido la despedida más dolorosa que he vivido hasta hoy.

 

Él era realmente joven, tenía apenas 50 años, ¿se imaginan todo lo que quedaba por ver y vivir? Padeció cáncer de colon durante 4 años, o al menos  a partir de que se lo detectaron. Vi sus mejoras y sus decaídas.

 

Sé que para él fue muy difícil tener que lucha día a día con la esperanza de ganar, para mí también lo era. Todos los días me despertaba esperando sólo una cosa: que él siguiera con vida.

 

Así, hasta que un 25 de marzo a las 10:oo p.m. se fue.

 

Jamás podré describir lo que sentí, jamás podré superarlo. Porque no, para mí el tiempo no ha curado nada, ni lo va a hacer.

 

Las heridas que se curan son las superficiales, las que se quedan marcadas en el corazón y en el alma, jamás. Y además, yo no quiero superarlo, no quiero dejar de extrañarlo, ¡es mi padre!

 

Puedo decir que he aprendido a vivir sin él, mas no me he acostumbrado.

 

 

Todavía pienso en qué me diría por las decisiones que he tomado; porque aunque discutíamos mucho, éramos muy parecidos, sin duda alguna sé que hoy estaría muy orgulloso de mí, como yo lo estuve de él.

 

Cuando viajé a Londres quise visitar Abbey Road y escribirle un mensaje en aquella barda porque sé que a él le hubiese encantado conocer ese sitio. Le dedique el momento, por supuesto.

 

Y así pasan mis días, pensándolo, extrañándolo, hablándole. Sé que muchas veces me ha salvado de malos momentos, lo sé perfecto.

 

 

El Día de muertos siempre ha sido de mis festividades favoritas, disfruto todo lo que esta época trae, menos el dulce de calabaza, eso nunca me ha gustado. Pero de unos años para acá el significado es totalmente diferente, es más emocional.

 

Y como bien lo dijo Hemingway, el tiempo es lo único que nos separa y para mí cada día que pasa, es un día más cerca de poder escuchar el sorbo que daba a su café.

 

Que por cierto, no saben cuánto me molestaba escuchar ese sonido, pero admito que en ocasiones lo imito sólo porque él lo hacía. Y me gusta.

 

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