Si la vida te da ese saco, póntelo
Hace unos años, una amiga muy querida me dijo una frase que no pienso soltar desde entonces: “Si la vida te da ese saco, póntelo. Es el que te queda.”
Me lo dijo justo después de que tomé una responsabilidad enorme (y no me refiero a trabajo, a algo personal). Una de esas oportunidades que emocionan y abruman a la vez. Yo estaba feliz, pero también nerviosa. Sentía que me iba a rebasar, que no tenía todo para lograrlo, que en algún momento iba a fracasar.
En ese momento, esa frase me ayudó a bajarle el volumen a las dudas. Y ahora, que me encuentro otra vez en un punto de expansión —con proyectos, decisiones y retos que me entusiasman, pero que también me asustan—, me la vuelvo a repetir. “Si la vida te da ese saco, póntelo. Es el que te queda.”
Lo pediste, lo buscaste, y ahora da miedo tenerlo
A veces no es que la vida nos dé algo que no esperábamos. Es que nos entrega exactamente eso que deseamos, pero quizá en otro empaque, de otro modo. Uno que implica más compromiso, más exposición, más riesgo. Y ahí es donde se activan las dudas.
Empieza la sensación de que no vamos a poder con tanto. De que tal vez esto es “demasiado”. Y aunque el síndrome de la impostora aparece, en el fondo sabemos que no es casualidad estar aquí. Es causalidad. Llegamos hasta este punto por decisiones que fuimos tomando con esa intención, aunque ahora cueste sostenerlas.
Pero… cómo crecer sin huir
Recuérdate que esto no es azar.
No llegaste aquí por coincidencia ni por accidente. Esto es consecuencia de decisiones conscientes: prepararte, insistir, decir que sí… No estás improvisando: estar donde estás era el punto. A veces, lo más valioso que puedes hacer es reconocer que sí, te toca —porque lo construiste. Repite conmigo: “Si esto llegó, no fue un accidente. Lo provoqué. Lo construí”.
Acepta que lo nuevo incomoda.
No todo lo incómodo debe ser alarmante. A veces solo es señal de crecimiento. Los roles nuevos, los proyectos más grandes o las oportunidades que exigen más de ti no tienen por qué sentirse naturales desde el inicio.
No esperes sentirte lista para cada paso.
Esperar a sentirte lista es, muchas veces, una trampa disfrazada de prudencia (esto recién lo reflexioné y wow!). La verdad es que nadie se siente completamente preparada, se aprende y perfecciona en la marcha. Literal, como un saco nuevo, que al principio se siente raro, pero se adapta a medida en que lo usas.
Y en ese punto estoy ahora. La vida me está pidiendo más de lo que alguna vez creí que podía dar. Y aunque una parte de mí quiere correr —por miedo, por cansancio, por la falsa idea de que no voy a poder—, hay otra parte, más sabia, que me dice: Esto no es demasiado. Esto es lo justo. Esto es tuyo. Y, acostúmbrate porque luego, probablemente, vendrá otro un poco más grande.
Antes de terminar, quiero contar que también me pasa algo que tal vez a ti también: cuando algo bueno llega, lo quiero atravesar rápido.
No disfruto el proceso. A veces ni siquiera el resultado. Solo quiero dejar de sentir que algo grave puede pasar, que lo voy a arruinar, que se va a caer en cualquier momento.
Pero eso lo exploramos luego, ¿te parece?
Y, aprovechando, quiero compartir contigo una nueva manera de «leer» los blogpost; o sea, en audio.
Cuéntame si te gusta esta idea 😀
