Tus primeros miedos viviendo sola
Quizá sólo 5 sean pocos, pero como tampoco quiero asustarte (y, digo, no todos son tan graves, pero puede que nos los veas venir), te contaré sobre los más comunes para que estés prevenida. Y tú, que estás leyendo esto, puedas evitar repetir mi historia.
Después de todo, de eso se trata esto, de hablarte de mis errores para que no te pase a ti también. Así que toma nota…
1. Imagina que se te hace tarde para salir al trabajo, estás terminando de arreglarte y de pronto ¡se cae el botón de la blusa! Obviamente, lo primero en qué piensas es en conseguir aguja e hilo para repararlo. Peeeeeero… ¡nadie en esta vida se muda con un kit de costura! ¡NADIE! (O al menos nadie que yo conozca)
Y es chistoso, porque jamás te imaginarías que debes tener uno hasta que estás en medio del caos y tienes que terminar cambiando todo tu outfit porque no hay manera de volver a poner el botón.
2. Por supuesto que es imposible cocinar como tu mamá manda la primerar semana. Quieres hacer una sopa, pero no tienes colador. Quieres prepararte un caldo de pollo, pero no cabría nada en el único sartén que tienes. Quieres calentar tortillas y terminas haciéndolo en el microondas.
La verdad es que ese tipo de cosas las vas adquiriendo con el paso de los días y con forme notas que no puedes hacer nada. Es más, ¡ni partir cebolla puedes porque la tabla de picar nunca pasó por tu cabeza!
Pero eso sí, es en estos momentos cuando nos sale lo creativas y ahí andamos, arreglándonoslas para no morir en el intento.
3. Y de pronto, llueve por primera vez y te das cuenta que hay una gotera. Algo así me pasó, sólo que después de un mes de lluvia. Mi closet era una cosa pequeñita, pequeñita, así que no había manera de que viera mucho lo que pasaba dentro de él.
Un buen día, al querer sacar unos zapatos me di cuenta que la caja estaba mojadísima (sí, por suerte guardo mis zapatos en cajas), empecé a mover todo y había una tremenda gotera que estaba cayendo justo en mis zapatos. Obviamente, me enojé muchísimo, pero por fortuna mi casera era muy amable e inmediatamente pidió que impermeabilizaran y repararan.
Pero son este tipo de detalles que, lamentablemente, no notarás hasta que vives ahí. Si te pasa, no dudes en solicitar que lo reparen de inmediato, por supuesto que tú no debes pagar nada de esos arreglos.
4. ¡Las llaves se quedaron dentro del depa! Muchos pensarás que es supertonto que pase eso, pero la verdad es que no.
Cuando vives con tus papás sabes que siempre habrá alguien que te abre la puerta si no te llevas las llaves, así que al principio ni siquiera te aseguras ni te fijas 20 veces si las treas (eso lo empiezas a hacer a partir de la primera vez que las dejas adentro).
Para evitar tener que llamarle al cerrajero o tener que tirar la puerta, dale un juego de llaves a tu mamá o cualquier conocido o familiar que esté cerca de tu depa.
5. No hay nada más feo que la paranoia. El 90% de las personas con las que he platicado sobre los primeros días viviendo sola, han coincidido conmigo en esto, todas en algún momento creemos que alguien está intentando abrir la puerta, que nos están observando o que en cualquier momento van a llegar a tocar en tu puerta y te van a querer desvivir.
Ya sé que suena superextremo y exagerado, pero así es la paranoia y, supongo que, hasta cierto punto y por cierto periodo corto de tiempo, es normal.
Relájate y no entres en pánico, no quieras regresarte a casa de tus papás ni tampoco dormir con tu gas pimienta en el buró. Sólo asegúrate de tener una puerta segura, cerrar las ventanas y dormir tranquila. Nada va a pasar.
Seguro a muchas de ustedes les va a ayudar haber leído esto, pero para quienes ya viven solas y cometieron sus errorcitos, estaría padre que los compartieran, así hacemos de esto toda una línea de ayuda. O algo así, jeje.
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