¿Por qué nos da miedo dejar la casa de nuestros papás?
Quizá existan diversas razones, pero creo que muchas de nosotras pensamos una y otra vez qué pasará si no nos sale bien, si de plano fracasamos en el intento -y terminamos regresando a casa de nuestros papás-. Y es, justamente eso, lo que nos mantiene atadas, el miedo al fracaso nos persigue toda la fucking vida.
Recuerdo que cuando era niña me daba pavor perder en el concurso que hacía el payaso de la fiesta, odiaba tener un error en la escuela. Luego vino el examen a la universidad (mismo que no pasé en tres ocasiones) o que te corran de un trabajo. Es así como crecemos pensando que el fracaso es siempre una posibilidad con el 50% de la probabilidad de suceder. #Sad
Peeeeeero, con la edad (justificación de alguien que está por llegar a los 30) y la experiencia te das cuenta que no puedes dejar de detenerte e impedir tu crecimiento solo por el miedo al fracaso, porque, sí, sí es una realidad que algo te salga mal, ¡pero eso no significa que sea el fin del mundo!
Comencemos eliminando esta idea de nuestras cabezas, olvidemos que el fracaso existe en el diccionario y mejor pensemos que cada cambio -bueno o malo- es el inicio de una nueva etapa. Estoy segura que si logramos hacer esto, nos aventaremos con muchísima más seguridad y hasta emoción a las cosas nuevas. Dejar la casa de tus papás será tu nueva aventura y no tu nuevo reto.
Ah, pero no olvidemos lo más importante, hay que darse permiso de volver a empezar, de equivocarnos, de fallar.
Cuando me independicé era freelance, ¿si saben lo que significa eso? Que una quincena puedes cobrar bien, en otra mucho más, pero en otras muchísimo menos. Ya se imaginarán el pavor que tenía de que el dinero no me alcanzara y quedara debiendo la renta uno y otro mes. Sumado a esto, me estaba pagando la escuela, otro compromiso con el cual no podía quedar mal.
Pero ni pedo, me aventé y dije «Si no es ahora, no sé cuando sea», busqué depa, hice mis maletas, me mudé y la primer noche durmiendo ahí pedí al Universo que nunca me faltara lo necesario para poder seguir cumpliendo mi más grande meta… vivir sola.
Y hoy, casi tres años después debo admitir que califico con un 10 mi hazaña, hoy vivo sin miedo. Nada me asegura tener trabajo siempre, pero aprendí a no preocuparme por algo que aún no pasa. El día que deba preocuparme, me voy a preocupar.
Hoy, hoy vivo muy feliz…
Por mi parte, te puedo dar un consejo: No tengas miedo, no dudes de ti, no te detengas nunca. El camino se logra avanzando.
[Tweet «La intención no es lo único que cuenta, quién dijo eso nunca logró nada.»]
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