¿Puedo independizarme siendo freelance?

Yo lo hice. No sé si fue la mejor forma, pero fue la que encontré. Me independicé siendo freelance. Con incertidumbre, sin prestaciones, sin la famosa quincena. Solo con mi computadora, mis clientes estables y muchas ganas de que funcionara.

Yo sabía que iba a haber meses difíciles —aunque me concentré en tener lo más que pudiera seguro—, elegí aprender a organizarme desde esa libertad, que seguir esperando “el momento perfecto” para dejar la casa de mis papás (spoiler: no existe).

Me encantaría decirte que fue una decisión planchadísima, con Excel incluido y un fondo de ahorro del que podía estar orgullosa. Pero no. Lo que sí hice fue enfocarme en algo que, con el tiempo, entendí que era lo más importante: asegurar mi ingreso base.

¿A qué me refiero con ingreso base?

A ese monto mínimo mensual que necesitas para cubrir lo esencial: renta, comida, servicios, transporte, plan de celular, internet (sobre todo si trabajas desde casa), y algo para uno que otro gusto. No era un gran sueldo, pero era una base desde donde podía organizarme y respirar sin sentir que me la estaba jugando.

Mi estrategia fue dividir mis ingresos en dos tipos:

  • Ingresos fijos: Uno o dos clientes que me pagaban mes con mes. Esos pagos eran los que me daban tranquilidad mental, los que me hacían sentir que tenía “una quincena a mi manera” y los que cubrían mis esenciales.
  • Ingresos variables: Proyectos sueltos, colaboraciones, encargos que salían de vez en cuando. A veces me salvaban el mes. A veces se retrasaban. Aprendí que no podía vivir esperando solo “el golpe de suerte”, necesitaba una base constante para que esa variabilidad no se volviera angustia.

Lo que nadie te dice de vivir sola siendo freelance

Vivir sola siendo freelance es tener preguntarte una y otra vez lo mismo: ¿ya cobraste?, ¿ya mandaste factura?, ¿cuánto te falta?, ¿puedes pagar esa suscripción o no?, ¿y si no entra el proyecto de este mes?, ¿ya presupuestaste para diciembre (cuando todo el mundo se va de vacaciones, incluidos tus clientes)?

Pero también es darte cuenta de que puedes construir una estructura propia. Porque ser freelance no tiene por qué implicar vivir al día ni en la cuerda floja todo el tiempo. Solo que hay que hacerlo con intención y con una idea clara de lo que necesitas, no solo lo que quieres.

Además, cuando vives sola y trabajas por tu cuenta, la relación con el dinero cambia: Dejas de pensar en “lujos” y “caprichos” y comienzas a hacerte preguntas más “profundas” como: ¿qué me da paz? ¿Qué necesito para dormir tranquila esta semana?

Y eso, aunque al principio puede parecer abrumador, también te vuelve más creativa para resolver.

Lo que a mí me sirvió (y ojalá alguien me hubiera dicho)

  • No te vayas sin fondo de emergencia. Aunque sea pequeño. No necesitas millones, pero sí al menos dos meses de renta y gastos básicos guardados. Ese colchón te va a salvar más veces de lo que imaginas. Les juro que yo me quedé en ceros apenas puse un pie en mi depa… lo pienso hoy y me da terror.
  • Evita deudas al arrancar. Nada de comprarte muebles a meses sin intereses si no sabes qué vas a cobrar en noviembre. Amuebla poco a poco. De verdad no pasa nada si tu depa no está Pinterest desde el primer mes.
  • Ponte un “sueldo” fijo. Esta cantidad es la mínima que vas a requerir mes a mes; el extra puedes dividirlo entre ahorro, inversión, etc.
  • Haz un promedio real de tus ingresos. No con lo que te gustaría ganar, sino con lo que realmente has ganado los últimos 6 o 12 meses. Eso te da perspectiva y ayuda a planear mejor.
  • Busca asesoría. Un contador, una app de finanzas, un curso básico de impuestos para freelancers. No tienes que volverte experta en todo, pero sí estar mínimamente al tanto.

El mito del “no puedo porque soy freelance”

A veces sentimos (y nos lo repiten una y otra vez) que no podemos dar el paso si “no tenemos la estabilidad que se necesita para vivir sola”. Y sí, se necesita estabilidad, pero no como todos la ven. Hay muchas formas de hacer que funcione si de verdad lo quieres.

Muchas veces pensamos que tener un trabajo de oficina y estar en nómina es tenerlo “resuelto”. Como si eso garantizara seguridad, estabilidad o tranquilidad. Pero se nos olvida que también hay recortes, empresas que cierran o situaciones que cambian sin previo aviso. En realidad, no existe una seguridad del 100 % en ningún formato. Por eso, más que perseguir “el trabajo estable”, lo importante es construir tu propio sistema, sin importar cómo decides generar tus ingresos. Al final lo que hace la diferencia es qué y cómo los usas.

Vivir sola siendo freelance me obligó a ponerme seria

A dejar de procrastinar y dejar de gastar como si no hubiera límite en mi cuenta. Me volví más organizada, ajusté mis tiempos, afiné mis procesos y abrí espacio para proyectos nuevos. Lo hice tan bien que logré algo de verdad deseaba: trabajar solo cuatro días a la semana y seguir ganando lo mismo (o más).

Y sí, en cuanto tuve la oportunidad (una buena que me motivara a dejar el home office) regrese a la nómina… porque nada es permanente y hay que aceptar que el camino no es una línea recta. Cada etapa, incluso la que parecía tener el plan definitivo, te prepara para la que sigue.

Para esos días con manos ocupadas y oídos libres: Le puse voz a lo que escribo en este blogcast, por si te acompaña mejor en audio 🔊 Recuerda que también puedes suscribirte.

Foto de Rodeo Project Management Software en Unsplash

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